La investigación periodística requiere tiempo, requiere
esfuerzo y dedicación. Se trata de un proyecto capaz de desentramar algo,
narrar una realidad y contarla desde una perspectiva que aspira ser objetiva,
pero pocas veces lo logra. En este contexto, hablar del Irar es descubrir la
miseria de un sistema que castiga y no reinserta, y no se necesita indagar en
profundidad para confirmarlo.
De allí la decisión de no continuar con la investigación
“Irar: rehabilitación que debilita”. Ante una realidad tan evidente, el
proyecto no requiere ningún tipo de extensión o información complementaria,
para dar cuenta de una institución que sigue siendo el instrumento de un
sistema represor y generador de
violencia.
Esto queda demostrado cuando no se registran, sobre el tema,
cambios relevantes o significativos, que modifiquen lo que fue previamente
argumentado en el desarrollo de la investigación. Las últimas noticias y
publicaciones relativas a los problemas que giran en torno al Instituto de
Rehabilitación del Adolescente Rosario, datan del mes de febrero de 2013 y
describen hechos de violencia e intentos de suicidio que se repiten. ¿Se trata
acaso de una novedad? ¿Tomaron las autoridades cartas en el asunto? La negativa
sigue siendo lamentable.
Además, las imágenes y videos empleados en el trabajo,
hablan por sí solas. En la plenitud de un año electoral donde la prioridad es
invertir en `lo que se ve’, no hay espacio para mejoras que sean realmente
capaces de revertir la situación del Irar en su similitud con una cárcel. Para
la campaña política de este año, por ejemplo, la Municipalidad duplicó los
fondos destinados a la obra pública en todos los distritos de la ciudad. Un
11,4% del gasto total fue destinado a pavimentos, plazas y desagües, superando
el 5,4% de 2012: año sin elecciones. En ésta lista, Irar no figura.
Por si esto fuera poco, el material contiene información que
permite descubrir las dos versiones posibles que giran en torno a la problemática:
la voz oficial, pero también su contracara. La propuesta periodística no se
limita únicamente a reflejar las falencias de una institución, sino que aborda
la perspectiva de sus responsables. En este sentido, mientras la voluntaria
Julieta Santa Cruz denostaba al Irar, su ex directora Natalia Tricheri, tuvo el
lugar para defenderlo. A partir de allí, cada quien sacará sus propias
conclusiones.
Por otra parte y en pos de fundamentar por qué sigue siendo
suficiente lo presentado, vale aclarar que recurrir a nuevos entrevistados
implicaría caer en una redundancia sin sentido. Tal es así, que los mismos
discursos se repiten una y otra vez. Como bien expresó Rosúa en una de las
entrevistas que componen la investigación: “Hay una necesidad de pasar a modelos
de sanciones diferentes donde la prisión sea el último recurso”. Sí, todos
coinciden, pero nadie lo aplica y nada cambia.
Como complemento de lo anterior, vale mencionar sin embargo,
la realización de una entrevista reciente con la señora Ramona Domínguez,
coordinadora del Taller de Radio que se dicta en Irar dentro del programa Comunicar
Inclusión Social que está a cargo de la Universidad Nacional de
Rosario. El diálogo se produjo en el marco de una nota ajena a la
investigación, pero terminó por ratificar hoy, los mismos hechos que acontecían
hace ocho meses.
“En Irar hay un enorme déficit y no veo que los chicos
puedan rehabilitarse de ninguna manera. Incluso prefieren flagelarse para
terminar en un hospital antes que permanecer ahí”. A continuación Domínguez agregó que, en una
oportunidad, un funcionario público responsable por resguardar los derechos de
los adolescentes le confirmó sin titubeos que “los pibes no se van a
rehabilitar ahí, están pagando una culpa y cumpliendo una pena”.
Sin mucho más que agregar, evidencia también el cierre del
trabajo investigativo, el hecho de que lo expuesto se encuentra correctamente
respaldado y sostenido por personas idóneas, conocedoras en la materia. Desde
un experto en seguridad, hasta una voluntaria que vivió en primera persona la
realidad de Irar, pasando por directivos y citando la voz de jueces. No se necesitan,
al momento, la voz de ningún otro profesional para corroborar dicho.
En conclusión, queda confirmado que la propuesta
investigativa que se analizó a lo largo de esta argumentación, está completa y
no merece una profundización aún mayor. Los datos aportados consolidan un
producto firme a la hora de ser comprendido dentro de la categoría de investigación periodística y la tarea del
investigador está completa. Se cierra entonces, a la espera de verdaderos
motivos que impulsen su reapertura. Hasta hoy… nulos.
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