domingo, 18 de agosto de 2013

Aplicación de los ejes teóricos

Desde los conceptos que encierra la idea del Nuevo Periodismo, el hipertexto ficcional titulado ¡Aguante el cobre! , presenta un trabajo exhaustivo en su dimensión estética. El  texto se escribe y lee en forma de relato, pero manteniendo ciertas características de precisión y verificación, propias de la investigación periodística. Para ello se trabajó el lenguaje en profundidad y apelando siempre  a recursos literarios que sean capaces de “adornar” el contenido, a fin de que el lector se interese y se sienta motivado a seguir leyendo.

La utilización de la literatura como una herramienta propia del periodismo, es también sostenida desde la perspectiva de Tomás Eloy Martínez. En su obra Ficciones Verdaderas, determina que para un escritor  de ficciones, el lugar de la verdad está en el lugar de la imaginación, por lo tanto, se termina desplazando a la verdad hacia donde soplan los vientos de la inteligencia y los sentimientos.

Por su parte, Albert Chillón explicita también la búsqueda de una verdad poética que trascienda las limitaciones inherentes a la simple veracidad documental, donde la materia prima sea sometida a un tratamiento fabulador. De este modo, se eliminan los contornos precisos de hechos y situaciones auténticas para conferirles una condición legendaria que los extirpa del discurso histórico y los traslada a un mundo mítico, casi utópico y ucrónico.

En términos de lenguaje, el texto presenta también una identidad discursiva atravesada por lo urbano, con la presencia de descripciones significativas y presentación del personaje desde un aspecto sumamente realista. Los elementos de la historia se construyen a partir de caracterizaciones compuestas, que termina por enriquecer al contenido.

En su obra El periodismo vuelve a contar historias, Martínez expresa: “Si bien toda ficción es una reelaboración de algo real, en el caso de las ficciones verdaderas el gesto de apropiación de la realidad es más evidente y su interdependencia con el imaginario de la comunidad dentro de la cual el texto se produce y con el momento en el cual se produce es mucho más clara”. Contundente.

Además de la presencia literaria, el artículo analizado puede ser comprendido como una ficción verdadera, a causa de la complicidad que plantea el autor para con sus lectores. De acuerdo a lo expuesto por Martínez, este tipo de textos expone sentimientos, modos de ser, rumores y culturas de la comunidad, cual si fuera un espejo. El objetivo principal es que el lector se sienta identificado por las experiencias a las que alude el contenido literario y que las mismas sean reconocidas por el lector, como propias.

En ¡Aguante el cobre! , se intenta mostrar una realidad que lastima pero que es real. Se trata de disentir con lo establecido y plasmar el deseo de un cambio, logrando también que el lector perciba el contenido como propio y generando en él, las mismas emociones. Según Chillón, los actos de ficción en que incursionamos al hablar nos permiten aprehender y expresar  la realidad de modo figural y es justamente ese, el objetivo al que aspira el material analizado.

Otro aspecto interesante a tratar, radica en lo manifestado por Elinor Ochs en su estudio sobre Narrativa. En este contexto, determina que los relatos tienen que ver con sucesos dignos de mención, cuyo objetivo organiza la construcción misma. Considerando la realidad de los jóvenes en Irar y teniendo en cuenta que esa institución fue concebida para que ocurra entre sus muros, lo contrario a los que pasa, el tema tratado en ¡Aguante el cobre!, responde a lo expuesto.

Por otro lado, Ochs manifiesta la evaluación moral del hecho y habla de interpretar los sucesos, antes que describirlos. Dice se trata de instrumentos culturales por excelencia, para la comprensión de conductas inesperadas e inusitadas. En este sentido, el protagonista del texto en cuestión, implica el disparador de una nueva reflexión sobre la preservación de la niñez y la adolescencia, dentro de las distintas sociedades. ¿Por qué son así? Es la pregunta que reincide en la comunidad sobre la conducta de muchos jóvenes: en lo vivido por el Ale, reside la respuesta.

Lo anterior se relaciona con la idea de Tomás Eloy Martínez, de que las ficciones verdaderas son el reflejo de la conciencia plena de una época, porque su origen deriva de los hechos que definen a esa época. En el material analizado, un determinado episodio suscita en el narrador un inmediato interés, no por el episodio en sí mismo, sino por  la red de significaciones que desata. Tal como lo explica el letrado.

Retomando a Elinor Ochs, también descubrimos en ¡Aguante el cobre!, los dominios de conducta que produce el narrador, al momento del relato. A saber:

·         Circunstancias situacionales y acciones de los protagonistas.
·         Estados mentales de los protagonistas. (Bruner)

Para dar a conocer ese eje principal que perturba el equilibrio de las circunstancias ordinarias y esperadas, se invoca tanto las acciones de Alejandro Ortiz dentro del Instituto de Rehabilitación del Adolescente de Rosario, como a sus estados mentales estando allí.  Por ejemplo, cuando en el párrafo siete se lee: “Alejandro se sentó en la roca que construía su cama y por primera vez pensó en llorar, la angustia le oprimía el pecho pero contuvo esa lágrima y se dedicó a soportar”.

Para continuar con este análisis, mencionaremos otra indicación de Martínez en El periodismo vuelve a contar historias. Allí pone de manifiesto el compromiso con la palabra a tiempo completo y para ello, la narrativa como estrategia. Es así porque el lector conoce de antemano la información que el periodista le brinda, pero es a partir del compromiso entre comunicador y palabra, donde las audiencias accederán a un material que les servirá para confrontar, analizar y revisar el revés y el derecho de la historia.

En el artículo presentado, se busca lograr una nueva apreciación sobre lo acontecido. Es real, todos saben lo que pasa en el Irar, pero después de leer ¡Aguante el cobre!, quizá sea posible una nueva reflexión respecto de los hechos. Martínez completa la idea diciendo que el periodista no es un agente pasivo que observa la realidad y la comunica, sino una voz a través de la cual se puede pensar la realidad, reconocer sus emociones y tensiones secretas, entender el porqué,  el para qué y el cómo de las cosas con el deslumbramiento de quien las está viendo por primera vez.

Con relación a la trama, Ochs explica que anuda elementos circunstanciales como escenas, agentes, instrumentos, actos, propósitos en un esquema coherente que gira alrededor de un suceso excepcional y perturbador. En este caso, las escenas transcurren tanto en Irar, como afuera; mientras que los agentes, instrumentos y actos, están dados en la interrelación de los protagonistas (desde el Al, hasta el enano, los hermanos de Alejandro, los penitenciarios y pasando también por el muerto y los voluntarios).

Ochs menciona también la necesidad de que el relato presente un principio, un medio y un final; aunque a veces esta progresión no sea tan evidente. En el hipertexto abordado, el principio acontece en las inmediaciones del barrio Belgrano con Santa Lucía, el desarrollo entre los muros del Irar y el final, nuevamente en la calle y con la sed de venganza.

Sin más que agregar, se concluye este abordaje, aplicando en ¡Aguante el cobre! , la clasificación estipulada por Alberti Chillón en su trabajo Textos facticios:

 De tenor testimonial: veracidad y escasa verificabilidad. Libros de memorias, epistolarios, relatos de viajes, retratos, semblanzas.
De tenor realista: verdad esencial en búsqueda, verosimilitud referencial, mundo posible reconocible. Relato, novela y cine realistas.




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